En el vertiginoso mundo de la tecnología, cinco años son una eternidad y una década, toda una era. Por eso, cuando una de las corporaciones más grandes del mundo pide a los inversores que le presten dinero no por diez, sino por cien años, hace que hasta los lobos de Wall Street más experimentados se pongan alerta. Eso es precisamente lo que hizo esta semana "Alphabet", la empresa matriz de "Google". La compañía ha emitido bonos extremadamente raros a cien años, y en menos de 24 horas, ha atraído una suma difícil de comprender: casi treinta y dos mil millones de dólares. Esto no es solo una operación financiera; es una señal de que la carrera de la inteligencia artificial (IA) ha entrado en un nivel completamente nuevo, con gastos astronómicos, y los inversores creen ciegamente que el gigante de las búsquedas dominará el mundo incluso cuando nuestros nietos ya sean abuelos.

¿Por qué la empresa más rica se endeuda?

Para muchos, surge la pregunta lógica: ¿para qué se endeuda una empresa que simplemente nada en dinero? "Alphabet" tiene hoy un valor de mercado de casi cuatro billones de dólares, y sus cuentas albergan ciento veintiséis mil millones en efectivo. Cada año, genera más de setenta y tres mil millones de dólares en flujo de caja libre. Sin embargo, incluso estas reservas gigantescas ya no son suficientes para las ambiciones dictadas por la nueva realidad. La compañía ha decidido aprovechar la situación favorable del mercado para financiar inversiones en inteligencia artificial a un ritmo frenético.

Los planes anunciados muestran que solo este año, "Google" planea duplicar sus gastos en infraestructura de IA, servidores e investigación hasta la asombrosa cifra de ciento ochenta y cinco mil millones de dólares. Esta es una guerra por el dominio futuro, y "Alphabet" no quiere usar solo sus ahorros. Al emitir bonos en dólares estadounidenses, libras y francos suizos, asegura capital barato a largo plazo. La demanda fue tan masiva que el deseo de los inversores de prestar casi diez veces superó la oferta. Esto demuestra que los participantes del mercado ven la inteligencia artificial no como una burbuja, sino como un motor inevitable de la economía del futuro.

Lecciones de la historia: Las sombras de IBM y Motorola

Aun así, los bonos a cien años son un juego arriesgado en el mundo de los negocios. Normalmente, tales instrumentos son emitidos por estados o universidades, como Oxford o Harvard, que existen desde hace siglos y, es probable, seguirán existiendo. Las corporaciones rara vez se atreven a mirar tan lejos en el futuro, porque los ciclos económicos son implacables. La historia recuerda muchos casos en los que gigantes tecnológicos que parecían invencibles perdieron su brillo en unas pocas décadas.

Por ejemplo, en 1996, IBM, apodada el rey de la tecnología, también emitió bonos a cien años. En ese momento, nadie podía imaginar un mundo sin el dominio de IBM, pero pronto "Microsoft" y "Apple" irrumpieron en la escena, relegando al antiguo gigante a un segundo plano. Un ejemplo aún más triste es la cadena de tiendas por departamento "JC Penney", que en 1997 vendió con éxito bonos centenarios por valor de quinientos millones de dólares, pero quebró veintitrés años después, y los inversores se quedaron con papeles sin valor. "Motorola" experimentó un destino similar, pasando de líder en telecomunicaciones a ser solo una sombra de lo que fue hace treinta años. Por lo tanto, invertir en "Google" por cien años es una apuesta no solo por la tecnología, sino también por la capacidad de esta empresa para evitar el destino de sus predecesores.

¿Quién asume este riesgo?

A pesar de las advertencias históricas, la confianza en "Alphabet" es hoy de hierro. Este tipo de bonos a largo plazo suelen ser comprados no por especuladores comunes, sino por inversores institucionales: fondos de pensiones y compañías de seguros, que tienen compromisos a largo plazo con sus clientes y buscan un refugio seguro para su dinero. Para ellos, "Google" hoy parece más seguro que muchos países.

A este optimismo ha contribuido enormemente una reciente decisión judicial. Aunque "Google" fue declarada infractora de las leyes antimonopolio, el tribunal no obligó a la empresa a dividirse ni a cambiar radicalmente su modelo de negocio. Esto calmó a los mercados y liberó las manos para endeudarse. Los inversores envían un mensaje claro: creen que la inteligencia artificial no es una moda pasajera y que "Alphabet" tiene los recursos y el ingenio suficientes para seguir siendo una fuerza dominante incluso ante el cambio de épocas tecnológicas. Si esta creencia se hará realidad, lo sabremos en 2126, pero hoy "Google" cuenta con treinta y dos mil millones de dólares adicionales destinados a crear un futuro en el que seguirá siendo la reina.

¿Crees que "Google" logrará mantener su dominio durante un siglo más, o la historia se repetirá?