Durante una década, nos repitieron hasta el cansancio: sé proactivo, crea tu propio empleo, conviértete en un profesional freelance y el estado estará orgulloso de ti. Miles de diseñadores, artesanos, programadores y pequeños empresarios creyeron esta fábula. Dejaron sus oficinas, iniciaron sus pequeños negocios con una licencia de actividad individual (IV) y pagaron impuestos de forma honesta. Sin embargo, la realidad de 2026 ha revelado el verdadero rostro del estado: tras las últimas "reformas fiscales", la actividad individual se ha convertido en un atraco legal. El estado ha decidido aniquilar a la clase media y a las personas que intentan trabajar por su cuenta, convirtiéndolas en impotentes esclavas de los impuestos o en mano de obra barata para grandes corporaciones.
La declaración de Mantas: cuando los impuestos devoran tu libertad
Conoce a Mantas. Es un talentoso diseñador gráfico que ha trabajado durante diez años con una licencia de actividad individual. Nunca ha pedido subsidios de desempleo al estado, ha buscado clientes por sí mismo, ha comprado costoso equipo informático y licencias de software. Mantas siempre se sintió orgulloso de trabajar con transparencia.
Sin embargo, al llegar la primavera y abrirse el sistema de declaración de la VMI, Mantas se llevó una gran sorpresa. Al pulsar el botón "Calcular", apareció en la pantalla una suma que le dejó sin aliento. Debido a las últimas reformas tributarias, la eliminación de los "techos" de Sodra y el drástico aumento de las tarifas del GPM, la carga fiscal que paga se ha igualado prácticamente a la que paga una persona empleada bajo un contrato de trabajo estándar. El estado, de un plumazo, le ha arrebatado la mayor parte de sus ganancias, obtenidas con tanto esfuerzo.
Impuestos como en una oficina, pero garantías como en la calle
La subida de impuestos siempre se justifica con un sonoro lema: "¡Justicia en el sistema tributario! ¡Todos deben pagar lo mismo!". Sin embargo, en esta justicia se esconde el cinismo más brutal.
El estado ha gravado a Mantas como si fuera un empleado, pero no le ha otorgado absolutamente ningún derecho ni garantía de un empleado:
- Sin vacaciones pagadas: Si Mantas quiere descansar una semana con su familia, no solo no recibe pago por vacaciones, sino que esa semana no recibe ningún ingreso.
- Ilusorias prestaciones por enfermedad: Si un empleado de oficina cae enfermo, recibe baja médica. Si un creador freelance cae enfermo, el método de cálculo de sus prestaciones por enfermedad es tan complejo y desfavorable que, al romperse un brazo, corre el riesgo de quedarse al borde de la inanición.
- Nula indemnización por despido: Si una corporación despide a un empleado, paga la indemnización. Si el cliente de Mantas quiebra, Mantas se queda en la calle sin un céntimo, ¡aunque haya pagado los impuestos máximos a Sodra!
- Mantenimiento de su puesto de trabajo: Al empleado de oficina, el ordenador, la electricidad y el café se los compra el empleador. La persona freelance compra todo de su bolsillo, pero el estado lo ignora, limitando cada vez más el importe de los gastos deducibles.
Esto no es "justicia". Es extorsión estatal, donde se le quita todo el dinero a una persona, pero el 100% del riesgo financiero se deja en sus manos.
El verdadero objetivo: proteger a las corporaciones y convertirte en un engranaje
¿Por qué el estado castiga tan duramente a las pequeñas empresas y a los profesionales freelance? La respuesta se encuentra en el lobby de los poderosos.
Mientras las personas que ejercen la actividad individual son estranguladas hasta el último céntimo, las grandes empresas y corporaciones continúan disfrutando de oasis fiscales. A las grandes empresas se les mantienen las exenciones del impuesto sobre beneficios para inversiones, la posibilidad de optimizar impuestos a través de filiales y la recepción de millones en subsidios estatales.
El gran negocio sufre una crónica falta de mano de obra barata y dependiente (como ya hemos tratado en artículos anteriores). Una persona independiente que trabaja por su cuenta no es conveniente para el sistema: no se le puede asustar con el despido, no se le puede obligar a trabajar horas extra gratis. Por lo tanto, el estado realiza el "trabajo sucio" para las corporaciones: crea unas condiciones fiscales tales que simplemente sea financieramente imposible trabajar por cuenta propia.
El objetivo final de esta "reforma" es obligar a Mantas a cerrar su actividad individual, bajar la cabeza y pedir trabajo en la misma gran agencia, donde se convertirá en un engranaje más y obediente, generando beneficios para accionistas ajenos.
¿Cuál será el resultado? La sombra y la resistencia
Al destruir la actividad individual, el estado se ha pegado un tiro en el pie. Las personas que creaban valor por sí mismas no irán voluntariamente a entregar su último dinero por una justicia ilusoria. Estas reformas draconianas solo conducirán a dos cosas:
- El regreso masivo a la economía sumergida: Pequeños artesanos, constructores y especialistas en belleza dejarán simplemente de declarar ingresos. El mercado volverá al efectivo (si es que aún no lo prohíben del todo) y a los "sobres", ya que será la única forma de sobrevivir.
- La fuga de "cerebros" al extranjero: Especialistas en TI, diseñadores y consultores abrirán masivamente empresas en Estonia u otros países con un entorno fiscal favorable, dejando el presupuesto de Lituania en la estacada.
El estado ha declarado la guerra a la parte más vulnerable, pero también la más independiente de la sociedad. Una persona que crea su propio puesto de trabajo debería ser llevada en hombros, no castigada. Lamentablemente, en la Lituania actual, la iniciativa se castiga con impuestos draconianos.